Guayas.- Además, se encontraron pedidos para ingresar armas y alimentos a la cárcel donde prestaba seguridad el detenido.La tarde del sábado 19 de julio de 2025, un miembro activo de las Fuerzas Armadas fue sorprendido cuando intentaba ingresar dos teléfonos celulares al Centro de Privación de Libertad Zonal 8, conocido popularmente como La Regional.
El uniformado, que ostenta el grado de marino y actualmente se encuentra en proceso de formación para un ascenso dentro de la institución naval, fue detectado en el segundo filtro de seguridad del centro carcelario.
Allí, en medio de los controles rutinarios de ingreso, personal de vigilancia logró identificar que portaba dos dispositivos móviles ocultos entre sus pertenencias.
Una fuente vinculada al sistema penitenciario confirmó los detalles del operativo. “El hallazgo se dio en el filtro número dos, cuando el personal de revisión detectó los celulares en su poder. Ambos aparatos fueron decomisados antes de que pudieran ser introducidos al interior del centro”, relató el informante.
Aunque el decomiso evitó que los dispositivos llegaran a las manos de los internos, el caso adquirió una dimensión más compleja luego de que se realizara una revisión no autorizada de uno de los teléfonos.
En su interior, según fuentes, se encontraron evidencias preocupantes que apuntan a una posible participación del marino en actividades ilícitas vinculadas al tráfico de objetos prohibidos en contexto penitenciario.
Entre las conversaciones extraídas sin orden judicial, figurarían mensajes relacionados con la comercialización de armas y la coordinación para el ingreso de productos al pabellón carcelario.
La fuente consultada fue enfática en señalar que, pese a la gravedad de la información, esta no puede ser utilizada formalmente en un proceso judicial. “No es posible judicializar al implicado, ya que la extracción de datos se hizo sin una orden legal. Eso invalida su uso como prueba”, indicó.
Uno de los dispositivos encontrados pertenecería al propio marino y sería de uso personal, mientras que el otro, según las primeras indagaciones, tendría un fin claramente delictivo. Este segundo teléfono contenía chats que establecen una conexión directa con un privado de libertad, identificado en los mensajes con el alias de ‘Coco’.
De acuerdo con un informe, en esos chats se evidencian diálogos explícitos entre el uniformado y el recluso. En ellos, ‘Coco’ coordina con el marino la entrega de alimentos, bebidas energizantes y artículos varios, además de solicitar ayuda para el ingreso de armas.
Entre los pedidos más llamativos, consta la supuesta compra de chaulafanes a 50 dólares la unidad y bebidas Sporade a un precio de 10 dólares cada una, costos elevados que evidencian un mercado interno clandestino y altamente rentable dentro del penal.
Las conversaciones también sugieren que no se trataría de un hecho aislado, sino de una operación sostenida que habría contado con el apoyo del marino para burlar los controles y abastecer de insumos legales e ilegales a ciertos pabellones.
“El privado de libertad solicitaba el ingreso de otros productos de forma regular, lo que da a entender que existía una dinámica de colaboración más amplia”, añadió la fuente.





























