Machala.- Supuestos expendedores de miel están operando en Machala en busca de incautos.Endeudado y desconsolado terminó un joven emprendedor, a quien se le presentó una supuesto negocio con la venta de miel de abeja,
Según el afectado un ciudadano ingresó a su negocio y le ofreció miel de abeja, para que expenda en su local.
“Este tipo me dijo que me dejaba los frascos de miel y que no importaba que le pagara, que si no vendía el retiraba el producto”, indicó el joven.
Una vez acordado el negocio horas más tarde una mujer ingresó a su local y le compró uno de los frascos de la dichosa miel.
“Hasta ahí todo parecía normal, hasta que recibí una llamada de un supuesto doctor, que me dijo que la miel que le vendí a la señora era de buena calidad y que le interesaba comprarme una gran cantidad del producto” añadió el afectado.
Quien indicó además que el presunto médico le ofreció pagar 10 dólares por el frasco de miel y hasta 20 dólares por el frasco de jalea real, y que le haría una trasferencia por el producto.
“Ahí es cuando vi la oportunidad de un negocio redondo, ya que a mi me dejaba a 3 dólares el frasco de miel y a 5 el de jalea real”, afirmó.
De inmediato se puso en contacto con el supuesto proveedor de miel, quien le dijo que le podía hacer una venta de no menos de mil dólares.
Ahí es cuando entraron en acción otros actores de esta estafa, ya que para que la escena sea más real, el producto lo entregó un ciudadano que se hizo pasar como gente del campo con acento serrano, a quien le entregó el dinero.
“Ya con el producto en la mano esperaba que el doctor me depositara el dinero para entregarle la miel, cosa que nunca pasó”, señaló el indignado joven, a quien le entró la duda y reviso los frascos y descubrió que no era miel de abeja sino panela derretida.
“Ahí me di cuenta de que había sido víctima de una estafa, quise difundir esta experiencia para evitar que otras personas pasen por lo mismo, me he quedado endeudado y con un producto que no vale nada”, concluyó la víctima que fue por lana y terminó trasquilado.
Por: Víctor Altamirano





























