Machala.- Mientras el movimiento del centro de Machala no se detiene, Freiner Alfredo Suárez y Luis Enrique Camposano continúan ejerciendo un oficio que ha acompañado por décadas la vida de la ciudad. Entre cepillos, betunes y conversaciones con sus clientes, ambos han convertido el lustrado de zapatos en el sustento de sus familias y en una tradición que aún permanece viva.Freiner, de 63 años, lleva cerca de 40 años dedicado a este trabajo. Llegó al oficio por recomendación de amigos cuando otras oportunidades laborales escaseaban y, desde entonces, asegura que el respeto, la atención y la calidad del servicio le han permitido ganarse la confianza de generaciones de machaleños. Con esta labor ha mantenido a su familia y asegura que cada par de zapatos requiere paciencia, técnica y hasta seis pasos para lograr un buen acabado.
En la calle Guayas, frente al Banco Pichincha, trabaja Luis Enrique Camposano, conocido por muchos clientes como “Lucho”. Tiene 42 años en la profesión y comenzó cuando apenas tenía siete años, siguiendo la tradición de su abuelo. Gracias al trabajo de betunero pudo pagar sus estudios y, años después, financiar la educación de sus cuatro hijos, convirtiendo el oficio en el principal sostén de su hogar.
Aunque reconoce que la demanda ha disminuido por los cambios en el uso del calzado formal, Luis continúa atendiendo cada mañana en el centro de Machala. Incluso después de que problemas de salud le obligaran a reducir su jornada, afirma que seguirá mientras sus fuerzas se lo permitan, porque este oficio ha sido el camino que le permitió salir adelante.
Durante años, ambos han atendido a abogados, jueces, fiscales, ingenieros, comerciantes y ciudadanos de toda la provincia. Más que clientes, muchos se han convertido en amigos que regresan por la confianza construida con el tiempo. Para ellos, el lustrado de zapatos también es un espacio para conversar, compartir experiencias y mantener vivas relaciones que han perdurado durante décadas.





























